Común La olla Proyecto teórico, visual y culinario, el cual indaga en las gastronomías populares y su incidencia en los cuerpos sociales. Descubre Común La olla La relacion entre “Arte y Gastronomía” ha sido una constante desde los albores de la humanidad y presente en toda la historia del arte. Descubre

Presentación

Proyecto teórico, visual y culinario, el cual indaga en las gastronomías populares y su incidencia en los cuerpos sociales.

La olla común

Mediante variados formatos, conceptos y soportes, este proyecto actúa desde el esquema “Generadores Operativos de la Cocinería”, donde Sobrevivencia, actividades e imaginarios junto a sus interconexiones, son los vértices para develar caracteres de identidad, estéticas o patrimonios desde la alimentación, junto a  sus acciones gastronómicas, charlas y talleres como así sus obras visuales o montajes, siempre desde una ornamentación “tosca, precaria y frágil”, activando formas y maneras de reflexionar en torno a los actos alimenticios y su implicancia en la sociedad.

La cocina
y sus extensiones

Desarrollando una intensa y extensa hoja de ruta por variados espacios culturales, públicos, pedagógicos, populares y culinarios de América y Europa, este proyecto ha hilvanado una lectura y operación que rescata y delata el valor de los actos alimenticios, como un necesario patrón de identidad de cada comunidad en la suma del valor que la cocina y sus extensiones transmiten.

El grabado

Una de las referencias conceptuales y formas de acción de este trabajo, se manifiesta en sus procesos de obra, son las similitudes con el “Grabado”, siendo un claro bastión de similares operaciones, tanto en la faena productiva del Taller / Cocina, como en las transferencias de principios ligados a los procesos gráficos y culinarios y sus desplazamientos, en donde “Matriz – Edición – Serie” conviven con la receta o recetario como otro soporte más en la composición del “original”, simulando intimas cercanías entre la producción de la copia y los procesos de preparación y servicio del acto culinario, asentando su forma en el llamado “Desplazamiento del Grabado por la Vía Culinaria”.

La incidencia

La relacion entre “Arte y Gastronomía”  ha sido una constante desde los albores de la humanidad y presente en toda la historia del arte sin ser resaltado desde su vital injerencia.
Desde la representación plástica y gráfica, tanto como concepto, materialidad o soporte, esta relacion se preserva en una constancia tacita que alude a sus hitos desde lo clásico, lo moderno y lo contemporáneo, traspasando todas las instancias y movimientos culturales como estéticos, vislumbrando una constante en todas las épocas y con mayor delación desde las vanguardias, en donde las nuevas maneras y formas de producción implican a la gastronomía o el alimento como un necesario nicho de pertenencia con el arte.

Biografía

Adolfo Gustavo Torres Frías
Santiago de Chile - 1971.

Vive y trabaja en Bahía Inglesa
Comuna de Caldera, Región de Atacama.

Cocinas del Pacífico

Es fundador y director del Festival Internacional de Gastronomía Bahía Inglesa “Cocinas del Pacifico” donde desde el año 2015 ha levantado un interesante e intenso cuerpo de visitas de chefs, teóricos, periodistas y artistas, levantando  centenares actividades de capacitación, talleres y audiencias, posicionando a Bahía Inglesa como un destino cultural culinario y de contenido.

La Olla Común

Paralelamente activa y desarrolla el proyecto “La Olla Común”, obra culinaria, visual y teórica que activa un fuerte componente social y simbólico desde las cocinas, ejecutando proyectos, acciones y capacitaciones por variados países de América y Europa, obteniendo variados reconocimientos, invitaciones y becas, desde donde desplegara un activo cuerpo de obra y convocatoria, entregando en su periplo más de 20 mil raciones entre sus variadas presentaciones y actos públicos.

Proyectos

Desarrollando una intensa y extensa hoja de ruta por variados espacios culturales, públicos, pedagógicos, populares y culinarios de América y Europa, este proyecto ha hilvanado una lectura y operación que rescata y delata el valor de los actos alimenticios, como un necesario patrón de identidad de cada comunidad en la suma del valor que la cocina y sus extensiones transmiten.

Testimonios

  • Y de tiempo en tiempo y de sol en sol, aparece Adolfo Torres Frías, rondando con su arte plástico y apetitoso la esquiva latitud del corazón.
Este trovador errante, hilvana, pinta, graba, condimenta y modela sabores, religiones y colores como si reinventara el post paraíso en la fatalidad globalizada de estos tiempos. Digo de cuando en cuando y de vez en vez, porque este creador aparece de pronto traficando los olores y excedencias mestizadas de su fragmentación americana, pirata, sagrada, profana y callejera. Por ahí camuflado de rasta rocoto, hippie ajo, rapero zapallo y bandolero sentimental, hace su aparición en los mercados de las urbes para proyectar sus altares, sus vírgenes indias, sus ollas comunes, su repartija de sencillos manjares en la llaga cruel del mendigo hombre y del hambre hembra. El arte de Adolfo Torres Frías, se traviste de mercado verdulero para encarar la injusticia del mercado capital. Su arte se produce, se come y se consume en la repartija generosa de su colorida calamidad.»

    Pedro Lemebel
    Escritor y artista visual, miembro del colectivo “Las Yeguas del Apocalipsis” - Chile
  • Pensar Global, Actuar Local”. Desde hace unos años, tal lema ha entrado en un lenguaje común como respuesta y antídoto a las contradicciones de la globalización. Hay palabras que redundan en ese dicho. Me gusta más reducirlo a un simple “Pensar, Actuar”.
El arte de Adolfo Torres Frías se acerca mucho a lo que sintetiza este ultimo lema. Es un arte redondo y profundo que se concretiza de en pura actuación. Es un arte que se queda vivo, sea en los trabajos de más propiamente plásticos que en las actuaciones de nuestro cocinero artista visual.
La Olla Común en particular, expresa perfectamente tal concepción de un arte vivo en dos direcciones. Es un arte vivo por que los materiales son los ingredientes mismos de la naturaleza. Y es un vivo porque se dirige a los seres humanos, últimos y verdaderos beneficiados de su obra.»

    Andrea Noferini
    Sociólogo y Economista, Profesor Universidad Autónoma de Barcelona - España
  • En materia de comida, siempre me ha impresionado como a veces lo que para algunas culturas es suntuoso, exótico o exclusivo, para otras es parte del cotidiano. Se sabe, por ejemplo, que para concluir las cenas más elegantes de la Inglaterra victoriana se acostumbraba presentar en medio de la mesa una mata completa de apio en una fuente de cristal, del cual los comensales iban arrancando y masticando una a una sus ramas, como el más extraordinario manjar.
Cuando me ha tocado recibir amigos mexicanos aquí en Chile, confieso que ha sido difícil complacerlos o sorprenderlos con algo que desconocieran… Aunque me consta que se han deslumbrado con el sabor, la textura y el calibre de los erizos de la costa centro y sur; también con la venta informal de alcachofas y espárragos en los semáforos (productos que en México gozan de un status pomposo y para el que suponen un sistema de venta afín a esa condición).»

    Cristián Silva Roura
    Artista Visual y Docente de Arte - México
  • Partimos con unas embriagadas conversaciones en la ribera norte del Mapocho, insertado en los entornos del Barrio de La Vega, o la antigua Chimba, y allí llegamos a concluir que lo profundamente popular, un petrificado estilo sudamericano y tan criollamente orgulloso de su humildad, se hallaba en estos rincones de Recoleta y sin duda alguna en el sin fin de esquinas y vereditas alegres de esa Lima tan antiguamente mimada y tan desordenadamente ordenada.
En esas charlas de acento cantadito y alardeando de modismos “chilenistas” se resolvió llevar nuestra impresión de lo popular a la ciudad polo recargada y exagerada de la estética angustiada de este lado de Los Andes.»

    Rodrigo López Cantero
    Pedagogía en Literatura y Docente de Castellano - Perú
  • En medio del desierto más seco del mundo se asoman los verdes oasis del Salar de Atacama. Desde Tiempos prehispánicos, sus habitantes han complementado la generosidad de la Pacha con alimentos de ambientes lejanos.
Comer, entonces, ha sido el sabroso pretexto para intercambiar ingredientes y con ello diversas tecnologías y formas de pensar.
La Olla Común de Adolfo Torres Frías, en pleno siglo XXI, encarna la sentida vigencia de esta solidaridad andina.
Apelando a todos los sentidos, Adolfo Torres fusiona alimentos con creencias, acrílicos con cucharones y recortes con salsa de chañar para deleite de todos. Que estética tan propicia para el oasis de San Pedro de Atacama.
En esta comunidad dinámica por excelencia transitan y conviven todo tipo de personas, convirtiendo su aislamiento en algo relativo.»

    Flora Vilches Vega
    Antropóloga, Arqueóloga - San Pedro de Atacama - Chile
  • Como dice uno de los mejores historiadores de la comida, Felipe Fernández Armesto, el microondas nos está robando el aspecto comunitario del comer. Sin fuego de por medio, la electricidad nos ha vuelto solitarios en vez de solidarios frente al plato de comida.
Por eso valla el rescate de Adolfo de ese espacio común, uno que no necesita historiografía porque no es un hecho del pasado.
El registro es como una instantánea: el objeto no deja moverse ni posa para la cámara.
Además no hay pose, porque este hecho ocurre en la periferia, ajeno a las modas, que recurre a la “fusión” de sabores no por onda, sino por necesidad, porque es lo que hay, que rescata la vuelta a la sencillez que todos “redescubren” hoy, exclusivamente por que hay que cocinar para la comunidad, siguiendo las costumbres con las recetas que logran mayor consenso. Por eso este registro es como una patada al microondas. Y es también un poco más de leña para el fuego de la olla, la común y sin corriente.»

    Esteban Cabezas
    Periodista Gastronómico y Critico Culinario - Chile
  • El proyecto “La Olla Común” es desarrollado por el artista visual chileno Adolfo Torres Frías y gira en torno a la comida y la cocina, como comunicadora y conectora de cultura, su manualidad mestiza opera en si como obra visual. Al igual que los sub productos de las materias primas con los que se elaboran los guisos, todo sirve y se sirve. Esta bella obra se inscribe en lo que da alguna manera podríamos llamar el arte maestro de lo intangible, lo efímero, por qué en su esplendor ritual y transitorio da paso a la creación de obras plásticas como grabado, pintura, instalaciones, intervenciones urbanas, performance, en los lugares donde su creatividad despliega los coloridos manteles y se agencia con la tradicional “olla común chilena”, latinoamericana, de los sectores más vulnerables, ahí, en las barriadas, es donde se desprende la necesidad y la creatividad del alimento enlazada al arte, a la degustación colectiva, para alimentarse durante el jolgorio carnavalesco de la fiesta pagana, la escases o la catástrofe.»

    Francisco Casas
    Artista Visual, Escritor, Miembro del Colectivo “Yeguas del Apocalipsis” - Chile
  • El gestor de la presencia de Miralda en Chile ha sido el artista Adolfo Torres, de 
“La Olla Común” un proyecto que comparte características con la obra del primero. “La Olla Común se define como “una propuesta teórica, visual y culinaria que indaga en aspectos ligados a las gastronomías populares y su incidencia en los cuerpos sociales. Su investigación y acción se formaliza en los denominados «Cuadros Operativos de la Cocinería», los cuales se implican con las comunidades generando actividades colectivas, propiciando el surgimiento de nuevos imaginarios y fomentando la aparición de otras formas de supervivencia”. Dicho de otro modo, formas de sociabilidad, trabajo y resistencia que son cada vez más necesarias en el marco neoliberal y tecno-financiero actual del capitalismo.»

    Conrado Uribe
    Investigador Museo de Antioquia - Colombia
  • La conflictiva escalada de sucesos de los últimos años, en todo el orbe, ha demarcado una fuerte Y variada sucesión de traumas y desgarros, instalando complejas realidades que han lacerado los sistemas sociales, ambientales, políticos, económicos, sanitarios y simbólicos. Una serie de ficciones difundidas a través de la inmediatez digital e informática contemporánea de noticieros y redes sociales en directo y desde distintos contextos geográficos y culturales, han condenado a la humanidad a una secuencia de trastornos que nos retrotraen a momentos aciagos de la historia.
    Todos estos aconteceres aparecen como una suerte de escarmiento divino, Generado por fanatismos religiosos, delirantes, por un lado, O desde la lógica pragmática científica/ política Y sus razonados augurios, por otra… Dejes que se activan como una andanada de penas que recaen sobre nosotros como sociedad.

    Ana María Saavedra / Luis Alarcón
    Galería Metropolitana

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